Soy el peor empresario que puedas conocer.
Emprendí porque es la única manera de vivir bien de esto.
Pero no me gusta gestionar personas, ni venderme, ni llevar un negocio.
Siempre mando tarde las facturas, soy un desastre organizativo y mi gestor quiere dejarme, pero hay una cosa que se me da muy bien…
Entiendo cómo funciona el dolor mejor que nadie.
La gente me contrata para leer sus problemas físicos, lesiones y dolores. Sobre todo cuando son raros, no mejoran con nada, no parecen tener explicación o ningún profesional es capaz de solucionarlos.
Nadie sabe más de dolor.
En esto soy muy bueno.
No porque tenga un don, sino porque desde hace muchos años me obsesiona el dolor. Y he dedicado una buena parte de mi vida a estudiarlo, entenderlo, explicarlo y resolverlo.
No tengo ninguna duda que aprender a controlar el dolor es algo que puede hacer cualquiera. Y que solucionar dolores sin solución, muchas veces es posible. Lo veo todos los días.
Sólo hay que saber cómo hacerlo y ser persistente.
Eso también se me da bien, persistir.
Estuve detrás de mi mujer durante cuatro años hasta que al final me dijo si, menos mal que fue hace tiempo porque hoy en día las del pelo morado me habrían llamado acosador.
Me propuse hablar a mis hijos siempre en inglés al volver de Londres y de esto hace ya 12 años.
Y decidí de adolescente que no bebería nunca y no lo he hecho. Bueno, salvo en mi despedida de soltero, pero eso te lo contaré otro día.
Mi nombre es Cristóbal Romero, soy fisioterapeuta y osteópata. Llevo más de 20 años orientando, diagnosticando y tratando pacientes. He creado cursos, impartido formaciones y aconsejado a miles de personas en mi consulta y a través de mi Newsletter.
Durante todo este tiempo he ayudado a resolver casos de pacientes que nadie lograba solucionar, he cometido errores que me ha costado olvidar, y he aprendido a leer problemas que la mayoría no entiende.
No se si por todo la anterior o simplemente por llevar la contraria, me especializo en epicondilitis o dolores de codo persistentes.
Sólo eso.
